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Tradicionalmente los
invernaderos se han usado como estructuras para proteger las
plantas del medio ambiente. Sus diseños han variado en el tiempo
orientados fundamentalmente a tener estructuras que minimicen
costos de producción y lograr ambientes óptimos para las
plantas. Lógicamente tales diseños en muchos casos han sido
orientados al mantenimiento del calor en épocas de invierno, ser
eficientes en la ventilación y salida de calor en épocas de
verano y permitir mayor entrada de luz.
Venezuela es un país ubicado en zona tropical, específicamente en
la parte norte de la América del Sur (entre latitudes 3 y 12º
Norte y longitud 61 a 73º Oeste), donde las temperaturas se
mantienen relativamente constantes durante el año, siendo las
variaciones en la precipitación lo que determina
fundamentalmente las mayoría de las actividades agrícolas en el
país. El país debido a diferencias de altitud lo cual establece
rangos de temperatura ha determinado durante décadas la
distribución de los cultivos en base a su tolerancia y
adaptación a rangos de temperatura (Avilán y Eder, 1986).
La intensidad y extensión de áreas dedicadas a la producción de
los mayores rubros (cereales, tubérculos, gramíneas y
leguminosas) ha estado limitada en función de la disponibilidad
de agua de las regiones. En el caso de frutales y otros cultivos
permanentes también la producción ha estado gobernada por la
distribución y cantidad de las precipitaciones en cada año (Avilán
y Eder, 1986). No obstante, esfuerzos en su mayoría con capital
del estado venezolano han logrado construir sistemas de riegos y
represas en muchas regiones lo que ha permitido asegurar
producciones de muchos rubros que satisfacen la demanda nacional
durante todo el año. De hecho ya para mediados de la década del
80 se hablaba de una horticultura comercial dependiente del
riego (Avilan y Eder, 1986).
Los invernaderos son estructuras metálicas, hechas de hierro
galvanizado, cubiertas con film de polietileno monocapa o
multicapa, convenientemente mezclado con sustancias químicas que
le confieren propiedades especiales en función de determinados
requerimientos de los cultivos (flores, hortalizas (Figura 1),
ornamentales, propagadores).
El uso de invernaderos en Venezuela dedicados a la producción
agrícola en forma comercial se inició en lo últimos años de la
década del 80 y fue básicamente iniciativa privada y en lugares
muy puntuales. Se conocen construcciones de invernaderos en
fibra de vidrio, muchos de ellos aún instalados en campos
universitarios, otros para la época fueron fabricados con madera
como estructura de soporte y láminas plásticas como techo. La
información sobre la extensión bajo invernadero para ese
entonces es prácticamente nula. Posteriormente, en la década del
90, aparecieron las construcciones elaboradas con diferentes
materiales y diseños muy particulares para cada región.
Los criterios para la selección y normas mínimas a fin de lograr
microambientes óptimos para el crecimiento de las plantas en
función del clima local son aspectos poco estudiados y la
información sobre variaciones de parámetros microambientales
tales como la temperatura, humedad relativa, radiación,
concentración de CO2 dentro de los invernaderos en las
diferentes regiones del país es muy escasa (Jaimez et al.,
2005). Incluso estudios sobre aspectos microclimáticos y sus
efectos en algunos aspectos básicos tales como fotosíntesis,
transpiración de los cultivos son escasos para zonas tropicales
en condiciones de invernadero.
Los invernaderos para zonas cálidas presentan un diseño
fundamentado en darle la mayor ventilación posible a las plantas
que se desarrollen bajo el techo o cubierta. La altura mínima es
de 4 m en la parte más baja y presentan ventilación cenital en
la cumbrera por medio de aberturas convenientemente dispuestas,
tal y como se muestra en la Figura 2.
El diseño de las estructuras está concebido en función del tipo de
cultivo, considerando las cargas estáticas y dinámicas que se
manejen en su interior. Atendiendo a la forma del techo, pueden
ser:
- Diente de sierra.
- A dos aguas.
- Cúpula.
- Guillotina, entre otras.
Los invernaderos para zonas cálidas actúan como sombrillas y
paraguas básicamente. En sus laterales pueden tener mallas anti-insectos
(Figura 3) o láminas translúcidas de protección. Los rodapiés o
zócalos son cubiertos con láminas o mantos para evitar
salpicaduras en el momento de las lluvias. Los pisos interiores,
accesos y caminerías, se cubren con telas tejidas de rafia color
blanco. En algunos casos se requiere colocar mallas de sombra en
los laterales, por debajo o por encima del techo.
Las estructuras modernas para invernaderos no llevan piezas
soldadas sino más bien atornilladas (Figuras 4 y 5), ya que
estos son puntos débiles para el ataque de los agentes
corrosivos, sobre todo en las zonas tropicales, donde se
combinan factores como la humedad y el calor constante. Todas
las piezas metálicas deben ser atornilladas (COVEPLA, 2001).
El invernadero puede contar con sistemas automáticos o manuales
para levantar las cortinas laterales y el techo. Además se
utilizan sistemas de extracción de aire caliente y nebulizadores
para bajar rápidamente la temperatura interna. La garantía de
las estructuras metálicas se halla sobre los veinte (20) años,
si están bien instaladas (COVEPLA, 2001).
Las consideraciones del microclima en el interior de invernadero
difieren a las que se dan en países templados por lo que es
prioritario entender cuales son las variables más importantes
determinantes en el microclima en condiciones tropicales para
lograr ambientes óptimos para el desarrollo y producción de
plantas. En el trópico la radiación varia muy poco durante todo
el año, por lo que este factor no es una limitante para la
producción. P&N |