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Al hablar de
avestruz no
podemos
describir el
asombro y la
imaginación
vuela tanto que
recordamos la
era de los
dinosaurios,
sentimos gran
curiosidad por
ésta ave, su
tamaño, su
comportamiento,
su alimentación,
sus productos
como la carne,
el cuero, las
plumas y los
huevos. Aunque
hace 7.500 años
atrás ya los
egipcios
aprovechaban los
productos del
avestruz según
cuentan de una
pintura hallada
en Tebas donde
muestra a un
cazador que
lleva a un
avestruz atado
del cuello junto
a otro que lleva
un manojo de
plumas y una
cesta con
huevos. Es en
estas últimas
décadas cuando
se ha extendido
y consolidado la
crianza de ésta
imponente y
beneficiosa ave
a nivel mundial.
Cualquier
criador de
avestruz se fija
como meta
realizar el
ciclo de
producción
completo:
producir huevos,
incubarlos,
obtener
polluelos,
levantarlos y
venderlos como
futuros
reproductores o
sacrificarlos
para aprovechar
su carne, cuero,
plumas y demás
subproductos,
pero, para
llegar a esa
meta hay que
cumplir
responsablemente
con cada etapa
de dicho ciclo.
La primera etapa
de todo ese
ciclo es que las
aves estén en
edad
reproductiva y
comiencen la
producción de
huevos, por
supuesto que el
éxito en esta
etapa del ciclo
lo va a
determinar el
manejo que uno
le dé al huevo.
Aunque para que
exista un éxito
total en la cría
de avestruces,
es necesario
aprender sobre
el cuido y
manejo de las
aves, también se
necesita tener
todas las
instalaciones
aptas como lo
son sala de
desinfección,
sala de
almacenaje de
huevos, sala de
incubación, sala
de nacimiento,
corrales para
polluelos
menores de dos
meses, corrales
para polluelos
mayores de dos
meses, corrales
de levante y
engorde, sala de
sacrificio, así
como también
cumplir con
todas las normas
sanitarias que
esto conlleva.
El huevo de
avestruz es la
mayor célula
individual que
se conoce, un
huevo de tamaño
medio puede
oscilar entre
1.300 y 1.700
gramos, y sus
dimensiones
rondan los 13 x
16 cms siendo su
coloración
crema-beige, el
espesor de la
cáscara es de
aproximadamente
2 milímetros y
el contenido de
dicho huevo
comparando con
el de gallina es
de
aproximadamente
24 huevos.
Aunque el huevo
de avestruz se
destaca por ser
el de mayor
tamaño entre las
aves, no se
destaca
comparando su
tamaño al peso
vivo de ésta, ya
que equivale
apenas entre el
1,3 - 1,5 % del
peso de un
avestruz adulto,
si se compara
por ejemplo con
un huevo de
gallina de 60
gramos éste
corresponde al 3
- 4 % de su peso
corporal, esto
quiere decir que
si el avestruz
quiere poner un
huevo en
igualdad de
condiciones que
el que pone una
gallina éste
debería pesar
unos 3 o 4
kilogramos. Este
gran tamaño del
huevo constituye
una ventaja para
adaptarse al
medio natural y
también puede
ser útil durante
el proceso de
incubación
artificial.
Ahora bien, para
la producción
idónea de mayor
cantidad de
huevos y de
polluelos en un
criadero de
avestruces es de
una hembra y un
macho por corral
ó dos hembras
por cada macho,
pero, mas de dos
hembras por
macho es poco
productivo, ya
que disminuye
considerablemente
la fertilidad de
los huevos.
MANEJO DE LOS
HUEVOS ANTES DE
LA INCUBACIÓN
Recolección y
transporte
Una vez que el
avestruz ha
puesto un huevo
se procede a la
recolección y
transporte del
mismo.
Los avestruces
normalmente
ponen los huevos
a últimas horas
de la tarde y
deberían ser
recogidos lo
antes posible;
los huevos que
permanecen toda
la noche en el
nido pueden
enfriarse,
atrayendo
bacterias a su
interior a
través de los
poros.
La limpieza de
la cáscara de
los huevos que
han sido
contaminados
internamente
tienen poca
utilidad y se
reduce el índice
de viabilidad de
los mismos.
Los huevos que
permanecen en el
nido durante
varios días
están sometidos
a variaciones
extremas de
temperatura, en
particular
cuando están
expuestos
directamente a
la luz del sol;
el resultado es
un alto
porcentaje de
mortandad
embrionaria
precoz.
Se recomienda no
recolectar los
huevos del nido
con las manos
directamente,
para evitar el
riesgo de
contaminación,
es aconsejable
utilizar guantes
de látex
desechables (y
sustituirlos
para cada huevo)
o como se hace
en la mayoría de
los criaderos,
que es utilizar
bolsas de
plástico
esterilizadas, y
dando la vuelta
a la bolsa, se
cubre el huevo,
se coloca la
bolsa al
derecho, y se
puede meter el
huevo
directamente en
el cajón de
transporte.
De esta manera,
cada huevo está
protegido
mientras que se
lleva a la sala
de desinfección.
El cajón de
transporte
deberá estar
almohadillado
para evitar que
los huevos
reciban golpes o
movimientos muy
bruscos. Es
aconsejable
identificar los
huevos cuando
son
recolectados.
El número de
corral, el
número de la
hembra, o
identificación
de los padres
son necesarios
para poder
evaluar la
productividad y
pueden ser
escritos con
lápiz en la
cáscara, o bien
en la bolsa de
recogida, y una
vez desinfectado
el huevo.
Limpieza y
desinfección de
los huevos
Se cepilla el
huevo seco
delicadamente
con un cepillo
de cerdas muy
suaves para
eliminar la
suciedad en
general,
especialmente de
las aperturas de
los poros, sin
destruir la
cutícula.
Se rocía la
superficie del
huevo con una
capa muy ligera
de un
desinfectante de
huevos de
gallina y
posteriormente
se seca,
mediante unos
ligeros toques
con toallas de
papel, ya que un
huevo húmedo o
mojado es un
foco de
atracción y
crecimiento de
bacterias.
Si el huevo
estuviese muy
sucio, con
barro, según se
va rociando, se
va limpiando la
suciedad con
otro cepillo muy
suave. El gas
formaldehído,
aunque es
efectivo como
fumigador, es
extremadamente
irritante tanto
para las
membranas
humanas como
para las
aviares, es
cancerígeno y
dañino para el
medio ambiente.
Puesto que
existen
alternativas
seguras y
efectivas, está
contraindicado
el uso de la
fumigación por
gas
formaldehído.
A continuación,
se localiza la
cámara de aire
con una pequeña
linterna que se
adapte a la
superficie del
huevo. Con la
habitación a
oscuras, se va
moviendo la
linterna, pegada
a la cáscara,
por cada extremo
del huevo hasta
que se observa
un círculo de
color más claro,
que es la cámara
de aire. Una vez
localizada ésta,
se marca el
lugar con un
lápiz para poder
colocar el huevo
a partir de ese
momento con la
cámara de aire
para arriba, y
así se evitan
equivocaciones
durante la
incubación. Por
último, se
introduce el
huevo en la sala
de
almacenamiento.
Almacenaje
El hecho de
almacenar los
huevos no sólo
facilita la
rutina de la
incubación, sino
que es
beneficioso para
el correcto
desarrollo del
embrión y para
los polluelos,
para que estén
en un grupo
juntos, y no se
estresen al
sentirse solos.
Los huevos se
pueden almacenar
sin perjuicio
para ellos
durante una
semana entre 12º
y 18º C, pero la
viabilidad se
reduce
significativamente
si permanecen 2
semanas.
Según un
reciente estudio
realizado en la
Universidad A&M
de Texas, USA,
el tiempo óptimo
de
almacenamiento
está situado en
torno a los 4
días, y a partir
del 10º día se
observa un
importante
descenso de la
viabilidad de
los huevos.
De los factores
antes descritos
y analizados
podemos observar
que la adecuada
ejecución de
estos conlleva a
altos niveles de
productividad en
cualquier
criadero o
granja dedicada
a la producción
y manejo de
avestruces.
P&N |